El programa de Voluntariado de la FOLP sigue recorriendo el país y esta vez atendió a 500 niños de Catamarca

Constancia, perseverancia y solidaridad. Esos tres pilares podrían resumir el trabajo denodado que desde hace décadas sostiene el programa de Voluntariado de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de La Plata (FOLP). Cabe destacar que la iniciativa cuenta con el respaldo total del Decanato, comprometido con este tipo de acciones que fortalecen la formación de los estudiantes con un fuerte perfil social.
Fue en este marco que durante la primera semana de mayo, un equipo de 21 alumnos y dos docentes se subieron al minibus de la FOLP para trasladarse hasta la localidad de Icaño, en el departamento de La Paz, Catamarca, donde atendieron a unos 500 niños en 20 escuelas primarias de una región en la que el acceso a la salud presenta serias dificultades.
El objetivo, como en los últimos 14 años de visita ininterrumpida a este lugar, fue el mismo de siempre: llevar atención odontológica a quienes más la necesitan y menos acceso tienen a ella.
Dirigido por el Dr. Faustino Tau e integrado por la Dra. Camila Castagnasso, el programa de Voluntariado de la FOLP lleva más de tres décadas recorriendo zonas vulnerables del norte del país. Desde 2012, la localidad de Icaño se convirtió en uno de sus destinos fijos. Y solo la pandemia desatada en 2020 logró poner un paréntesis en esa continuidad.
Una semana, 20 escuelas, 500 chicos
Entre el lunes 4 y el viernes 8 de mayo, el equipo se alojó en una escuela hogar de Icaño y salió cada día hacia distintas comunidades rurales del departamento. En muchos casos, el municipio local organizó el traslado de niños desde escuelas más alejadas, sumando alumnos a los ya presentes en cada sede.
Según precisó Tau, el trabajo en cada escuela combinó dos grandes ejes: la prevención y la atención clínica. En el plano educativo, se realizaron charlas de promoción de la salud bucal y se entregaron cepillos de diente a los alumnos, junto con un recambio adicional para ser utilizado a los seis meses. En el plano clínico, los propios pupitres de las aulas fueron reconvertidos en camillas improvisadas para realizar topicaciones con fluoruros, un tratamiento que fortalece el esmalte dental y reduce el riesgo de caries.
La atención estuvo dirigida principalmente a niños de e primaria, aunque en algunos casos también se atendió a alumnos de jardín de infantes y secundaria.
Por qué la primaria es clave
La elección del nivel primario no es azarosa. Faustino Tau, docente y referente del programa, lo explicó con claridad: “La edad de la escolaridad primaria coincide con la aparición de los primeros dientes permanentes —alrededor de los 5 o 6 años, en primer grado— y con la pérdida total de los dientes de leche cuando los chicos egresan. Es una franja importantísima para intervenir.”
Advirtió que es justamente en esa etapa cuando se producen las primeras caries en piezas permanentes, cuando los malos hábitos se instalan y cuando, en comunidades con escaso acceso a información y atención, comienza la destrucción y pérdida prematura de piezas dentarias. “Hay mucha falta de información en general sobre la temática”, alertó Tau y que “por eso el trabajo preventivo y educativo es tan central.”
En este sentido, el enfoque del programa hizo hincapié en cuestiones como la promoción de la salud, el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno.
Vínculo con la comunidad
Que el programa regrese cada año al mismo territorio no fruto de la casualidad: es parte de una estrategia de continuidad que permite consolidar vínculos con las comunidades, hacer seguimiento de casos y sostener una presencia institucional estable en zonas donde el Estado en temas de salud no llega o lo hace a cuentagotas.
Con respecto a esta visita, desde el Voluntariado de la FOLP destacaron el compromiso del Municipio de Icaño y su intendente, Franco Carletta, cuya colaboración logística fue fundamental para organizar los traslados y garantizar que el mayor número posible de niños pudiera ser atendido.
